Este ensayo reflexiona críticamente sobre los modelos de prevención de la violencia de género desde la praxis clínico-comunitaria en el Sur de Chile. Argumentamos a favor de un giro comunitario y decolonial que trascienda los enfoques puramente clínico-individuales (Flood, 2018). Partiendo de la interseccionalidad (Crenshaw 1989) y la crítica a la colonialidad del poder (Quijano 2000), analizamos cómo las metodologías participativas e intervenciones basadas en los buenos tratos (Barudy 1998; Heilman y Barker 2018)— potencian la agencia social para deconstruir normas hegemónicas. El texto propone el concepto de corresponsabilidad local como principio ético, político y estratégico para la prevención, articulando saberes profesionales con epistemologías territoriales, como el Nütram mapuche. Se analiza críticamente la inclusión de los hombres desde un modelo de masculinidades corresponsables (Kaufman 1999; Levtov et al., 2014) decoloniales, que supera enfoques puramente igualitarios. Finalmente, se redefine el rol profesional hacia el de un facilitador humilde y culturalmente competente, comprometido con una política del conocimiento devolutiva. Concluimos que la sostenibilidad de la prevención reside en estrategias co-creadas, culturalmente coherentes y éticamente fundamentadas desde el Sur.